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Los síntomas molestos del pie de atleta


El pie de atleta (Tinea Pedis) es una infección micótica altamente contagiosa que se desarrolla en la membrana externa de la piel del pie. Por lo general, el sarpullido aparece en áreas oscuras y húmedas entre los dedos de los pies (en las uniones) donde la falta de ventilación dificulta la cicatrización. Puede contagiarse en cualquier ambiente en el que pueda andar descalzo, como duchas de gimnasio, piscinas o cambiadores; esto se debe a que el hongo se transmite a una superficie a partir de un pie contaminado y se queda allí a la espera de una víctima vulnerable.

A continuación, le contamos cuáles son los síntomas más comunes de esta incómoda afección…

1. Engrosamiento de la piel

El pie de atleta tiende a desarrollarse de tres maneras; como lo que se conoce como infección de tipo mocasín y hace que la piel del talón y de los costados se engrose, se agriete y provoque dolor.

Este cambio en la textura de la piel trasladará rápidamente la infección a la zona de las uñas; estas también se engrosarán, cambiarán de color (se volverán amarillentas u opacas) y, finalmente, se desintegrarán hasta caerse y empeorar aún más la situación.

2. Erupción escamosa

El pie de atleta generalmente afecta las uniones de los pies y suele confundirse con eczemas. Esta manifestación de la enfermedad hará que aparezca un sarpullido escamoso entre medio de los dedos.

Esta forma de pie de atleta es más complicada de tratar ya que la infección se establece en las zonas de los pies con menor ventilación y es más propensa a extenderse a los costados. La situación se complica aún más si usa calzado ajustado; quitarse los zapatos se vuelve una tarea sumamente dolorosa.

3. Comezón en los pies

El sarpullido escamoso causa picazón extrema, particularmente en el área de entre medio de los dedos. Como dijimos anteriormente, la situación empeora con el calzado ajustado y con los calcetines sudorosos cuando los utiliza por mucho tiempo.

Es por eso que estos síntomas empeoran al descalzarse. Ni se le ocurra intentar rascarse; la infección puede propagarse con facilidad a otras zonas del cuerpo como, por ejemplo, las manos.

4. Formación de ampollas

Otro tipo de pie de atleta es el que se manifiesta como infección vesicular y provoca la aparición de ampollas o úlceras llenas de líquido en la zona afectada. Estas ampollas se enrojecen y se inflaman y, después de un tiempo, se revientan.

Las infecciones duraderas son más comunes con la forma vesicular del pie de atleta; estas pueden derivar en infecciones bacteriales. No intente explotar las ampollas, debido a que la afección puede extenderse a las palmas de la mano, a los dedos y a otras áreas a través del contacto.

5. Decoloración y pérdida de las uñas

El pie de atleta de tipo mocasín afecta la piel de la planta del pie y las uñas por igual. Con frecuencia sentirá dolor y ardor debajo de las uñas y notará que su textura se deteriora.

Cuando la infección alcanza la zona de las uñas, notará que estas se vuelven más gruesas, se agrietan y se desintegran gradualmente. Finalmente, terminarán cayéndose.

6. Cómo protegerse del pie de atleta

Al ser sumamente contagioso, se recomienda que siempre utilice ojotas a prueba de agua o calzado especial para ducharse en las posibles zonas de contagio — como piscinas, duchas o cambiadores.

También estará en riesgo si usa calzado muy ajustado y con poca ventilación durante mucho tiempo o si comparte calcetines, zapatillas o toallas con un individuo afectado.

7. Tratamientos para el pie de atleta

Si es un desafortunado portador del pie de atleta, puede tratar la infección con pomadas antimicóticas (como Miconazol o Clotrimazol) de venta libre disponibles en cualquier farmacia. Recuerde que si tuvo la infección una vez, es posible que la enfermedad sea recurrente y en ese caso lo mejor será consultar a un especialista.

El médico probablemente le recomendará que sumerja sus pies en agua con sal, con aceite de árbol de té (Melaleuca Alternifolia) y vinagre diluido para facilitar la cicatrización. Para casos más severos se suelen recetar corticosteroides tópicos y antibióticos por vía oral para aliviar el dolor y acabar con las bacterias.

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