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Nueve factores que incrementan los riesgos de sufrir un infarto

No se equivoca al decir que muchos factores que incrementan los riesgos de sufrir un infarto no pueden controlarse — como es el caso de la edad, el historial clínico y el sexo del paciente. Sin embargo, ciertos cambios en el estilo de vida pueden ser de gran utilidad a la hora de prevenir el desarrollo de enfermedades cardiovasculares.

Lea con atención los siguientes nueve apartados que la American Heart Association le brinda a sus pacientes, de corazón…

1. Antecedentes de enfermedades cardiacas

¿Acaso su padre sufrió un infarto? ¿Sufre de alguna enfermedad cardiaca? Según la American Heart Association, los factores genéticos son clave a la hora de prevenir un infarto.

Si bien los antecedentes de enfermedades cardiacas o de infartos lo vuelven más propenso a desarrollar este tipo de complicaciones de salud, también pueden ayudarlo a detectarlas a tiempo. Si sabe que su padre o sus abuelos tuvieron algún tipo de afección cardiovascular, no dude en consultar a un experto lo antes posible.

2. Sedentarismo

Si se pasa el día sentado en su oficina y realiza muy poca actividad física, es probable que los riesgos de padecer enfermedades cardiovasculares y obesidad sean altos. Por más sorprendente que le parezca, los expertos del Centro de Cardiología Preventiva y de Trastornos de Lípidos de la Facultad de Medicina de la Universidad de Temple en Filadelfia aseguran que el exceso de peso es un factor muy importante a la hora de sufrir infartos.

Como consecuencia, los niveles de colesterol y el porcentaje de triglicéridos se incrementan, al igual que las probabilidades de que un coágulo bloquee el flujo de sangre al corazón. En términos generales, el aumento de peso afecta de forma gradual la capacidad de bombear sangre de su corazón —y lo vuelve propenso a experimentar fallos cardiacos.

3. Hipertensión

Cuando se trata de salud cardiovascular, ciertas investigaciones llevadas a cabo por WebMD recomiendan que se cuide de la tríada fatal — hipertensión, niveles de colesterol elevados e hiperglucemia. Sin embargo, la presión arterial elevada es la principal culpable de que su corazón trabaje de más.

Según la Heart and Stroke Foundation, la hipertensión es uno de los principales factores que favorecen el desarrollo de un infarto. Procure controlar su presión arterial con frecuencia y, ante cualquier desequilibrio, no deje de consultar a su médico de confianza.

4. Tabaquismo

Antes de que encienda su próximo cigarrillo, tenga en cuenta cuánto daño está haciéndole a su salud. Una investigación llevada a cabo por el National Heart, Blood, and Lung Institute (NHBLI) culpa al tabaquismo de causar 1 de 5 muertes al año en los Estados Unidos. Por fortuna, este es un factor más que evitable.

El NHBLI asegura que los químicos presentes en el tabaco dañan prácticamente cualquier órgano del cuerpo humano — en particular el corazón, los vasos sanguíneos y los glóbulos rojos. En cuanto a la parte cardiaca, fumar aumenta las probabilidades de desarrollar arterioesclerosis, una enfermedad que genera el desarrollo de placas en las arterias, hasta el punto tal en que la sangre no puede oxigenar el resto de los órganos.

5. Hombres vs. mujeres

Las probabilidades de sufrir infartos varían considerablemente según el sexo del individuo. De hecho, un grupo de cardiólogos de la Facultad de Medicina de la Universidad de Yale en New Haven reveló que los hombres son más propensos a padecer ataques cardiacos que las mujeres, incluso durante su juventud. Los estudios han demostrado que incluso las mujeres menores de 55 años presentan menos riesgos de padecer fallos cardiacos que el sexo opuesto.

Sin embargo, las mujeres no deben subestimar la situación, en especial durante la menopausia. En esta etapa, las muertes por ataques cardiacos son mucho más frecuentes que en cualquier otro momento. Además, tienen mayores probabilidades que los hombres de desarrollar otras complicaciones de salud después de experimentar un episodio de este tipo.

6. Diabetes

Una investigación llevada a cabo por el Instituto Nacional de Diabetes y Enfermedades Digestivas y del Riñón de los Estados Unidos (NIDDK, por sus siglas en inglés) nos ha demostrado que los pacientes con diabetes presentan el doble de riesgo de sufrir ataques cardiacos o accidentes cerebrovasculares que el resto de las personas.

De hecho, los estudios llevados a cabo por el NIDDK demuestran que los hombres y mujeres de mediana edad con diabetes de tipo 2 son más propensos a padecer infartos que los pacientes que no padecen diabetes pero que sí han tenido un infarto antes. Esto se debe a los niveles elevados de glucosa en las personas diabéticas y a la acumulación excesiva de grasas en las paredes de los vasos sanguíneos.

7. Etnicidad

Las estadísticas provistas por los Centros de Control y Prevención explican que ciertos grupos étnicos son más propensos a desarrollar problemas cardiacos que otros.

Según las estadísticas de los Estados Unidos que corresponden al año 2008, los principales afectados por las enfermedades cardiovasculares son los hispanos, los caucásicos y los afroamericanos. Por otro lado, este tipo de complicaciones de salud son la segunda causa de muerte de los nativos de Alaska y de las islas del Pacífico y de los asiáticos.

8. Salud cardiovascular y edad

Las cifras más recientes del CDC —National Center for Health Statistics — asegura que aproximadamente el 83% de las personas que fallece por cardiopatías isquémicas tiene más de 65 años de edad.

Ciertos estudios realizados por la Facultad de Medicina de la Universidad de Harvard afirman que una de cada tres muertes que ocurren en los Estados Unidos a cada minuto son provocadas por factores cardiovasculares. Si bien este tipo de cardiopatía es poco común en hombres y mujeres jóvenes, los riesgos de experimentar incrementan a medida que envejecemos.

9. Niveles elevados de colesterol en sangre

Ciertos estudios publicados por los National Institutes of Health (NIH) y por la American Heart and Stroke Foundation (AHSF) aseguran que los niveles elevados de colesterol en sangre son los principales culpables de provocar enfermedades coronarias. Por desgracia, estos desequilibrios no suelen detectarse a tiempo, ya que no exhiben ningún síntoma notorio.

Los NIH explican que los niveles elevados de colesterol dañino (LDL) aumentan las probabilidades de desarrollar complicaciones cardiacas como la acumulación de placas (una mezcla de calcio, colesterol y grasas) en las paredes internas de las arterias coronarias. Con el tiempo, estas placas se endurecen y favorecen la formación de coágulos de sangre en las arterias, que a su vez, provocan angina y, en el peor de los casos, ataques cardiacos.

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