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Siete pequeños hábitos de belleza muy desagradables

Primero, se lava de pies a cabeza en la ducha. Luego, se aplica meticulosamente su sombra de ojos favorita y su rubor y, finalmente, se peina teniendo en cuenta que no haya ni un solo cabello fuera de lugar. ¿Alguna vez se puso a pensar que su rutina de belleza lo expone a cientos de gérmenes, bacterias, moho y demás amenazas? Si es culpable de tener al menos uno de estos siete malos hábitos, es probable que sea de esas personas que sacrifican su salud por cuidar la estética…

1. Comparte su rasuradora con otras personas

Me considero culpable de haber tomado prestada alguna vez la rasuradora de mi marido. ¡Nunca más lo haré! Utilizarla para depilar sus piernas, axilas y áreas del bikini no sólo arruina las cuchillas y lastima su rostro de bebé — sino que lo expone a diversos virus (como herpes y hepatitis B y C), bacterias (foliculítis, por ejemplo) y a infecciones por estafilococos (SARM).

Por más que ninguno tenga este tipo de virus o infecciones — las rasuradoras viejas que han sido compartidas acumulan hongos que representan una amenaza para la salud. Además, si las cuchillas pierden el filo pueden lastimar la piel del usuario y desarrollar infecciones y problemas en la piel. Se recomienda que tenga su propia rasuradora y que la almacene en un sitio libre de humedad; lo ideal es reemplazarla cada dos semanas.

2. Nunca lava sus brochas de maquillaje

Alguna vez se puso a pensar acerca de todo lo que hay detrás de su brocha para maquillaje? Según una encuesta llevada a cabo por Debenhams, una tienda multinacional con sede en el Reino Unido, reveló que el 72% de las mujeres nunca se toma el tiempo de lavar herramientas de maquillaje, como esponjas y brochas.

Esto significa que literalmente está cepillando una capa de impurezas, grasa, suciedad y gérmenes cada vez que se aplica su rubor favorito. Las brochas y las esponjas retienen bacterias que son transmitidas a la piel. Con cada pasada se expone a sufrir brotes de acné e infecciones como conjuntivitis. Hágale un favor a su rostro e higienice o lave sus utensilios con un aerosol anti-bacterial una vez a la semana. Una vez al mes lávelos con un champú libre de sulfato y déjelos secar con el aire.

3. Se aplica su humectante o hidratante con los dedos

Muchos son culpables de aplicarse manualmente su crema humectante o hidratante cada mañana, ya que ni se imaginan que pueden estar poniendo en riesgo su salud.

Se recomienda lavar bien sus manos antes de aplicarse el producto en el rostro o hacerlo con ayuda de un aplicador o una espátula. De esta manera, evitará brotes de acné y úlceras bucales (en especial si es propenso a sufrirlas con regularidad).

4. Nunca quita los cabellos de su cepillo

Podrá hacer un cálculo estimativo de cuánto cabello hay acumulado en su cepillo si tiene en cuenta que al adulto promedio se le caen unos 150 mechones al día. No obstante, a los dermatólogos del Hospital Mount Sinai de la ciudad de Nueva York les gustaría recordarles que son muchas más las cosas que se acumulan allí — residuos de producto, grasitud, desechos y piel muerta.

Si nota que su melena recién lavada nunca se ve brillosa y limpia —- podría deberse a todo este rejunte que vive en su cepillo. Procure lavarlo una vez al mes con un desinfectante hecho en casa a base de agua y champú. Esto también previene la aparición de caspa y la irritación de cuerpo cabelludo.

5. Exprima su esponja vegetal

¿Alguna vez se puso a pensar qué sucede cuando deja la esponja de cocina en el fregadero por muchos días? Se convierte en un criadero de moho, hongos y bacterias. Lo mismo sucede con su esponja vegetal cada vez que la deja rodeada de humedad y restos de jabón de otras personas.

La foliculitis o infección por estafilococo, por lo general, se transmite cuando frota su piel demasiado fuerte o si tiene una herida abierta. Así que exprima su esponja y utilice un exfoliante casero a base de un aceite suave (como el de almendras, por ejemplo) con un abrasivo natural como sal gruesa o azúcar.

6. Se jala o corta los vellos de la nariz

Lo vio mientras conducía al trabajo — ¡un vello espantoso que sale de su nariz! Lo primero que hace al llegar a casa es agarrar un par de pinzas y quitarlo con fuerza. No obstante, sepa que si esas no han sido desinfectadas correctamente o estuvieron almacenadas en un bolso lleno de gérmenes, es probable que alguna que otra terrible infección esté al acecho.

Cuando este tipo de utensilios entran en contacto con el tejido mucoso, les está dando la posibilidad a los cuerpos extraños de que ingresen por la vía rápida a su torrente sanguíneo. Recuerde que los vellos nasales constituyen un filtro natural que atrapa residuos y gérmenes dañinos que pueden desencadenar gripes y otras enfermedades.

7. Tira al inodoro sus almohadillas de algodón usadas

Tiene sentido que deje sus compresas de algodón cerca del fregadero, por si acaso las llegase a necesitar para su ritual de belleza facial diario. No obstante, lamento decirle que no es buena idea desecharlas en el retrete.

Según el doctor Keri Peterson, un neoyorquino especialista en medicina interna, cada vez que tira la cadena, las almohadillas de algodón atascadas recolectan residuos bacteriales que circulan por el aire y se depositan en cualquier superficie dentro de su baño. Para evitar que sus productos de belleza y de higiene personal se contaminen, almacénelos en armarios cerrados o bolsas herméticas y procure bajar la tapa del retrete cada vez que tira la cadena.

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