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Hemoptisis: diez causas de la expectoración con sangre

La hemoptisis se refiere a la presencia de sangre al toser que, por lo general, proviene del tracto respiratorio y se origina en la nariz, la boca, la faringe (garganta), los bronquios (conductos tubulares que se dirigen a los pulmones) o los pulmones. Se clasifica en leve o masiva.

La hemoptisis leve es la expectoración de pequeñas cantidades de sangre mezcladas con mucosidad o pus. En la mayoría de los casos, la hemoptisis leve no pone en riesgo la vida del paciente. La hemoptisis masiva es difícil de diagnosticar y las cantidades de sangre expulsadas varían de 100ml a 1000ml en un periodo de 24 horas. El tipo severo es considerado una emergencia médica y la tasa de mortalidad es de hasta un 75%. A continuación, diez causas comunes de la expectoración de sangre…

1. Émbolo pulmonar

Un émbolo pulmonar es un coágulo de sangre que bloquea la arteria pulmonar. Este se traslada desde las piernas y llega hasta los pulmones, lo que se conoce como trombosis venosa profunda. Los factores de riesgo son inmovilidad prolongada, cirugías, tabaquismo, obesidad, embarazo y cáncer. En muy pocas ocasiones un individuo experimenta sólo un émbolo pulmonar.

Los síntomas incluyen dificultades para respirar, dolor en el pecho, tos, fiebre, hinchazón en las pantorrillas, mareos y sudoración excesiva. Los tratamientos requieren anticoagulantes (diluyentes sanguíneos) y trombolíticos (fármacos para disolver coágulos). La afección debe tratarse de inmediato para prevenir que el coágulo aumente de tamaño o se multiplique en cantidad. Además, puede poner en riesgo la vida del paciente, ya que una complicación común es la hipertensión pulmonar, que se caracteriza por el aumento de la presión sanguínea en los pulmones.

Blood Clots

2. Tuberculosis

La tuberculosis es una infección bacterial en los pulmones. Es contagiosa y se transmite cuando el paciente estornuda o tose. Puede trasladarse a cualquier órgano del cuerpo por medio de los nódulos linfáticos y el torrente sanguíneo. Es una de las enfermedades respiratorias más antiguas entre los seres humanos. Los factores de riesgo incluyen HIV/SIDA, diabetes, problemas renales, cáncer, abuso de sustancias, trabajos de asistencia médica y malnutrición.

Puede clasificase en latente o activa. Los casos latentes no presentan síntomas, debido a que la bacteria está inactiva, aunque puede transformarse en activa. Entre los indicadores de la tuberculosis activa se incluyen hemoptisis, tos crónica, dolor en el pecho, fiebre, fatiga, pérdida de peso y sudoración nocturna. Los antibióticos son el principal tratamiento para ambos tipos. Sin embargo, el tratamiento de la tuberculosis latente se extiende alrededor de 9 meses para obtener resultados favorables mientras que el de la activa es altamente resistente a los fármacos, por lo que puede requerirse el uso de varios fármacos a la vez durante un año o más. Entre las complicaciones se encuentran dolor de espalda, daños en las articulaciones, problemas hepáticos y renales y trastornos cardiacos.

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3. Neumonía

La neumonía es una infección en los pulmones que resulta en la inflamación de los alvéolos. Puede ser causada por una gran variedad de microorganismos, en su mayoría bacterias, virus, hongos y, en menor proporción, parásitos. El estreptococo es el caso más común de neumonía provocada por bacterias. Los factores de riesgo incluyen inmunodeficiencia, tabaquismo, enfermedades crónicas (asma, problemas cardiacos, cáncer, diabetes) y estar hospitalizado.

Los síntomas incluyen hemoptisis, tos, fiebre, escalofríos, dificultades para respirar, náuseas, vómitos, fatiga y diarrea. La neumonía puede ser clasificada como comunitaria (cuando se desarrolla fuera de un centro de atención médica) o intrahospitalaria (cuando el paciente la contrae dentro del establecimiento de salud). El primer tipo es el más común. Los antibióticos son fundamentales para tratar la afección. Entre las complicaciones típicas se incluyen la presencia de bacterias en el torrente sanguíneo, los abscesos pulmonares y la acumulación de fluidos alrededor de los pulmones.

Pneumonia

4. Fibrosis quística

La fibrosis quística es un trastorno congénito (presente al nacer) que afecta el funcionamiento de las glándulas exocrinas. Estas secretan sustancias por medio de conductos. La enfermedad puede afectar a diversos órganos, pero los más dañados (en el 90% de los casos) suelen ser los pulmones. Los individuos con esta afección sufren infecciones respiratorias crónicas. Se trata de un problema congénito muy común entre los caucásicos. De todos modos, todos los recién nacidos deben someterse a controles de fibrosis quística en los Estados Unidos.

Los síntomas incluyen tos, sibilancias, problemas para respirar, hemoptisis y dolor en el pecho. El principal objetivo de los tratamientos es prevenir las infecciones respiratorias y liberar las vías respiratorias de mucosidad. Un niño que nace con fibrosis quística en los Estados Unidos tiene una expectativa de vida de aproximadamente 40 años. La principal causa de muerte entre los pacientes son las enfermedades terminales en los pulmonares.

Cystic Fibrosis

5. Malformación arteriovenosa pulmonar

Una malformación arteriovenosa pulmonar se refiere a la comunicación deficiente entre las venas y las arterias pulmonares. En la mayoría de los pacientes se trata de un problema congénito (están presentes al nacer). En muchos casos, las complicaciones sólo ocurren en un lado y se desarrollan en los lóbulos inferiores de los pulmones. La afección se clasifica en simple (presencia de una sola arteria que suministra y una vena que drena) o compleja (presencia de dos o más arterias que suministran o venas que drenan). El primer tipo es más común que el segundo.

Entre los síntomas se incluyen hemoptisis, dificultades para respirar, dolor en el pecho, tos, mareos, desmayos y visión doble. Los tratamientos definitivos de la enfermedad son la embolización terapéutica o la resección quirúrgica. La primera consiste en ocluir la(s) arteria(s) afectada(s). La segunda implica unir las arterias que suministran, remover una parte del pulmón, un lóbulo pulmonar o un pulmón completo. Las complicaciones generales incluyen convulsiones, accidentes cerebrovasculares, abscesos cerebrales, anemia e insuficiencia cardiaca congestiva.

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6. Granulomatosis de Wegener

La granulomatosis de Wegener es un trastorno autoinmune que afecta principalmente a los riñones y al sistema respiratorio. Este tipo de trastornos se caracteriza por provocar respuestas inmunes frente a los propios tejidos del cuerpo. No se conoce una causa exacta de la enfermedad, aunque está asociada con la vasculitis (inflamación de los vasos sanguíneos), lo que puede resultar en el daño de diversos órganos.

Los síntomas incluyen tos, hemoptisis, dificultades para respirar, dolor en el pecho y granulomas. Estos últimos son masas de tejido granulado producidos como consecuencia de una infección o de la misma inflamación. El objetivo del tratamiento es lograr la remisión a futuro (desaparición de la enfermedad). Si se deja sin tratar, la granulomatosis de Wegener deriva en una enfermedad terminal que provoca la muerte por fallos renales o pulmonares en un periodo de dos años. Los tratamientos médicos consisten en el uso de esteroides y de un fármaco denominado ciclofosfamida (Cytoxan). Entre las complicaciones más comunes se incluyen muerte de tejido local que requiere remoción quirúrgica y trastornos renales terminales que implican un trasplante de órgano.

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7. Síndrome de Goodpasture

El síndrome de Goodpasture es una enfermedad autoinmune que daña los pulmones y los riñones. Las causas exactas de la afección aún se desconocen. Durante la etapa terminal, provoca hemorragias (sangrados) en los pulmones y fallas renales que causan la muerte.

Los síntomas del síndrome de Goodpasture incluyen hemoptisis, pérdida de peso, fiebre, escalofríos, tos, dificultades para respirar y dolor en el pecho. Algunos pacientes también experimentan hematuria (presencia de sangre en la orina), proteinuria (presencia de proteínas en la orina), hinchazón en las extremidades, uremia (niveles excesivos de urea en la sangre) e hipertensión (presión arterial elevada). Para el tratamiento de la enfermedad es fundamental recurrir a supresores del sistema inmunológico tales como esteroides y ciclofosfamida, y plasmaféresis, que remueve todos los anticuerpos dañinos en la sangre. Si este síndrome se deja sin tratar, gran parte de los pacientes muere por fallas renales crónicas o hemorragias pulmonares.

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8. Bronquitis

La bronquitis se define como la inflamación de los bronquios, que son conductos tubulares que se dirigen a los pulmones. La enfermedad puede ser aguda (temporal) o crónica (prolongada). Los virus son los principales causantes del primer tipo de bronquitis mientras que las bacterias están más asociadas con el segundo.

La bronquitis aguda es la causa primaria de la tos aguda. Otros síntomas incluyen hemoptisis, sibilancias, dificultades para respirar, dolor en el pecho, fiebre baja, fatiga y dolor muscular. Los tratamientos de los casos agudos requieren el suministro de albuterol por medio de inhaladores dosificadores o nebulizadores (un dispositivo que produce vapor para ser aspirado con fines medicinales). Los esteroides inhalados son utilizados tanto para casos agudos como crónicos. No obstante, los casos más severos deben tratarse con antibióticos. Los antitusivos son muy útiles a la hora de suprimir la tos, que suele empeorar por la noche. La tos de la bronquitis aguda persiste más de dos semanas en el 25% de los individuos a los que se les ha diagnosticado la enfermedad. La tos de la bronquitis aguda puede durar hasta más de 8 semanas en algunos pacientes.

Bronchitis

9. Cáncer de pulmón

El cáncer de pulmón es uno de los que más muertes provoca en los Estados Unidos. Los individuos que fuman presentan mayores riesgos de desarrollarlo. Sin embargo, otros factores de riesgo incluyen exposición pasiva al humo de cigarrillo, inhalación de asbestos, antecedentes de quimioterapia y exposición a la radiación ionizante en el pecho. El cáncer de pulmón se clasifica en dos grandes grupos—el de células no pequeñas y el de células pequeñas. En el primero se encuentran el adenocarcinoma, el carcinoma de células grandes y el carcinoma de células escamosas.

Los principales síntomas del cáncer de pulmón son fatiga, falta de apetito, hemoptisis, pérdida de peso, dolor en el pecho, dificultades para respirar y tos crónica. Los tratamientos incluyen cirugía, quimioterapia, terapia de radiación y farmacoterapia de acción selectiva con agentes como afatinib (Gilotrif) y bevacizumab (Avastin). Algunas de las complicaciones son la acumulación de fluidos en el pecho, dolor y metástasis (diseminación del cáncer) en otras partes del cuerpo.

Lung Cancer

10. Insuficiencia cardiaca congestiva (ICC)

Ocurre cuando el corazón es incapaz de bombear sangre suficiente al resto del cuerpo. El aumento de presión en órgano eventualmente provoca el debilitamiento de sus músculos. Como resultado, la sangre comienza a acumularse en el sistema cardiovascular y los síntomas se manifiestan. Las causas varían, pero la afección puede atribuirse a enfermedades cardiacas, ataques al corazón, fallos en los músculos del corazón, hipertensión (presión arterial elevada) y trastornos renales crónicos.

Entre los síntomas se incluyen tos, hemoptisis, sibilancias, hinchazón en las extremidades, dificultades para respirar, aumento de peso, arritmias y fatiga. Los objetivos del tratamiento son disminuir la progresión de la enfermedad, aliviar los síntomas y mejorar la calidad de vida de los pacientes. Las medidas que previenen el avance de la enfermedad incluyen dejar de fumar, perder peso, hacer ejercicio de forma regular, suprimir el consumo de alcohol y controlar la hipertensión, la diabetes y los niveles de colesterol. La prognosis de la ICC varía según el nivel de función cardiaca, los síntomas y la respuesta del individuo al tratamiento.

Congestive Heart Failure
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