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Los seis factores desencadenantes del Alzheimer más alarmantes

A pesar de que los investigadores en el área de la medicina no hayan sido capaces de detectar las causas exactas del Alzheimer, muchos estudios vinculan la exposición a ciertos químicos, medicamentos y hasta emociones con el aumento de las probabilidades de desarrollar la enfermedad.

A continuación, le mostramos los seis factores desencadenantes menos conocidos del Alzheimer…

1. Medicamentos

Según la revista JAMA Internal Medicine, consumir ciertos medicamentos prescritos y hasta algunas drogas de venta libre y de fácil acceso puede elevar los riesgos de desarrollar Alzheimer y demencia.

Algunos antidepresivos tricíclicos recetados (como la doxepina) y los fármacos antimuscarínicos prescritos para mejorar la función de la vejiga (la oxibutinina, por ejemplo) están vinculados con el aumento de las probabilidades de sufrir demencia. De la misma manera, los antihistamínicos de venta libre como la clorfeniramina y el benadryl generan las mismas consecuencias.

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2. Falta de ejercicio

Existen formas mucho más activas de promover la salud del cerebro que completar el crucigrama del periódico los jueves. Los investigadores de la Alzheimer’s Association (AA) afirman que la actividad física, particularmente la de tipo aeróbico, ayuda a proteger la función cerebral y evita complicaciones tales como la demencia y el Alzheimer.

De hecho, un estudio de la AA llevado a cabo en 2015 demostró que los individuos que incorporan ejercicio aeróbico a su estilo de vida reducen los riesgos de sufrir enfermedades cerebrales hasta en un 50%. Así que si quiere estar sano, ¡a ponerse en marcha!

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3. Depresión

Los científicos suelen centrarse en los factores de riesgo externos o ambientales del Alzheimer. No obstante, un informe realizado en 2010 y publicado en la revista Neurology señala que el estado de ánimo influye muchísimo en nuestra salud general.

Dicho estudio afirma que existe una importante conexión entre el cuerpo y la mente, que surge con la depresión y que influye en los riesgos de cada individuo de desarrollar tanto demencia como Alzheimer. Por ejemplo, los pacientes adultos propensos a sufrir depresión presentaban un 1,5 más de riesgo de tener demencia y Alzheimer que los que no padecían dicho trastorno psicológico.

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4. Ideas negativas sobre el envejecimiento

Esta diapositiva se relaciona muchísimo con la anterior… los psicólogos de la Escuela de Salud Pública de Yale afirman que la actitud que adopte acerca de envejecer puede impactar considerablemente en la prevalencia del Alzheimer.

Por ejemplo, los investigadores descubrieron que los individuos que tenían una concepción negativa del envejecimiento experimentaban cambios patológicos en el cerebro que elevaban los riesgos de tener desequilibrios cognitivos. La Dra. Becca Levy explica que “…los pensamientos negativos sobre el envejecimiento pueden mitigarse y ser reemplazados por creencias positivas, por lo que los efectos adversos del Alzheimer son evitables.”

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5. Exposición al plomo

Hace tiempo que los investigadores vinculan la presencia de niveles elevados de plomo en sangre con un incremento de los riesgos de desarrollar enfermedades cardiacas. Sin embargo, la presencia de estrés oxidativo y la exposición a metales pesados se asocian con la disminución del coeficiente intelectual y con el aumento de las probabilidades de sufrir demencia.

Por ejemplo, un estudio realizado en 2009 y publicado en la revista Neurology señala que los adultos con niveles elevados de plomo en sangre (21% o más) eran más propensos a tener presión arterial alta, lo que provoca estrés oxidativo e inflamación en el cerebro y en el cuerpo.

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6. Insecticidas

Una investigación vincula el uso de insecticidas tóxicos (como el DDT o el DDE) con el aumento de los riesgos de desarrollar Alzheimer, lo que llevó a que el DDT fuese prohibido en los Estados Unidos en los Estados Unidos en 1972. A pesar de la prohibición, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades señala que los humanos siguen exponiéndose a estas toxinas a través de pesticidas químicos presentes en el ambiente—es decir, por medio de fuentes alimenticias como pescado, aves y lácteos.

De hecho, la información provista por el Instituto de Ciencias de la Salud Ambiental y Ocupacional (EOHSI, por sus siglas en inglés) específicamente demostró que los individuos con niveles elevados de insecticidas en sangre presentan mayores riesgos de que se les diagnostique Alzheimer. Estos resultados han permitido identificar una nueva amenaza que puede ser detectada a tiempo a fines de brindar un diagnóstico temprano y preciso.

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