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Diez razones por las que la depresión ataca en la mediana edad

Si acercarse a los cuarenta implica un gran peso de tristeza sobre sus hombros, no está solo.

La depresión que ataca durante la mediana edad (de los 40 a los 50 años de edad) es en realidad bastante común en todo el mundo, según una investigación de los Institutos Nacionales de Salud. El problema es que los síntomas a menudo se superponen y coinciden con los cambios y transiciones comunes de esta época de la vida — como la perimenopausia, las deficiencias hormonales y vitamínicas, la jubilación, el síndrome del “nido vacío” y muchos más.

Aquí le presentamos diez formas sorprendentes en las que la depresión puede ocurrir en la mediana edad.

1. Trastornos de dolor crónico

Si padece una enfermedad que le provoca dolor crónico (es decir, lupus o artritis reumatoide) en la mediana edad, lo más posible es que esto genere depresión. Este círculo vicioso generalmente surge así — el dolor empeora, la depresión se vuelve más severa y, por lo tanto, el dolor se intensifica aún más. Un estudio de atención primaria de 12 meses de duración que involucraba a 500 pacientes adoloridos y que fue llevado a cabo en la Universidad de Indiana concluyó que el dolor y la depresión ocurren simultáneamente en aproximadamente el 50% de las incidencias.

2. Bajos niveles de testosterona

La baja producción de la hormona testosterona (hormona sexual) afecta mucho más que el deseo sexual, según una investigación realizada por los Institutos Nacionales de Salud. Los depósitos de testosterona, los cuales tienden a disminuir a medida que envejecemos, pueden conducir a la disfunción eréctil en los hombres, además de generar niveles bajos de energía, disminuir la libido, aumentar de peso, causar debilidad ósea, pérdida del cabello y, en última instancia, depresión en ambos sexos. Sin embargo, la terapia de reemplazo hormonal puede ayudar a aliviar estos síntomas.

3. Jubilaciones

Retirarse del trabajo puede ser un capítulo nuevo y positivo en su vida si lo llena de pasatiempos y de viajes y fortalece su vínculo marital. Sin embargo, muchos adultos mayores se deprimen poco después de jubilarse, según un estudio realizado conjuntamente por el Instituto Británico de Asuntos Económicos y la Age Endeavour Fellowship. El estudio reveló que durante la jubilación aproximadamente el 40% de las personas se deprime, mientras que el otro 60% desarrolla algún trastorno físico.

4. La aparición de la menopausia

La perimenopausia (la transición a la menopausia) está plagada de sofocos, de irregularidades en el periodo, de disminución del deseo sexual, de desequilibrios del humor y de episodios de pérdida del sueño. No es de extrañarse que esta montaña rusa hormonal deje a las mujeres sintiéndose miserables. Un estudio de los ciclos del humor hecho por los investigadores de Harvard en el año 2006 encontró que 1 de cada 6 mujeres sin antecedentes médicos de depresión muestra síntomas de depresión durante la perimenopausia.

5. No hay suficiente tiempo para “mi”

Si usted se siente ahogado debido a las muchas obligaciones en su vida laboral, social, familiar, parental y económica, corre el riesgo de sentirse deprimido. De hecho, un estudio de investigación de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades de los Estados Unidos (CDC) encontró que los norteamericanos de hoy en día son más propensos a suicidarse que a morir en accidentes automovilísticos. Los datos registraron que la tasa de suicidios en los hombres de mediana edad aumentó en un 50% mientras que en las mujeres aumentó en un 60% en la última década y esa depresión se atribuyó a las exigencias abrumadoras de cuidar a sus hijos, cónyuges y padres que envejecen.

6. Síndrome del “nido vacío”

La mediana edad está, a menudo, marcada por muchas transiciones — la menopausia, la jubilación y el abandono del hogar de los hijos. Si los cambios son vistos como pérdidas, el nido vacío puede hacerlo sentir deprimido, subvalorado y solitario. En cambio, dedique este nuevo periodo a reinventarse a sí mismo; vincúlese más a su cónyuge y amigos y pruebe buscar nuevos intereses y aficiones.

7. Soledad

Puede sentirse abrumado por su jubilación, pensar que no es feliz en su matrimonio, o hasta incluso sentirse solo si sus hijos se van a la Universidad — de cualquier manera puede volverse depresivo si no cuenta con un buen sistema de apoyo social y emocional. Ahora es cuando poseer una mascota puede ayudar a reducir la tasa de depresión en los adultos de mediana edad y ancianos. Un estudio de John Hopkins descubrió que vivir con un amigo peludo reduce las tasas de depresión, el estrés, la presión arterial alta y la soledad mientras que aumenta la autoestima, la felicidad y la salud física.

8. Deficiencia de vitamina B

Investigadores de Psiquiatría y Neurociencias del Comportamiento del Hospital de St. Joseph de Toronto encontraron un vínculo convincente entre la deficiencia de vitamina B — la causa común de fatiga — y depresión en los adultos mayores. Tiene sentido; a medida que envejecemos y se disminuye la producción de ácido estomacal, obtenemos cada vez menos vitamina B12 de los alimentos. Sin embargo, comer alimentos ricos en B12, tomar suplementos y recibir una inyección de B12 administrada por un médico puede aumentar los depósitos esenciales de B12.

9. La muerte de un cónyuge

Obviamente, el dolor por la muerte de un cónyuge es una fuerte causa de depresión. Investigaciones realizadas por los Institutos Nacionales de Salud encontraron que el 24% de los viudos recientes (aproximadamente 2 meses después de la muerte de su cónyuge) cumplen con los criterios que encajan con la depresión. Aquellas personas consideradas como deprimidas fueron consultadas de nuevo después de 7 y 13 meses de la muerte de sus cónyuges y en cada periodo la tasa de depresión se incrementó significativamente.

10. Condiciones de la tiroides

Ambas enfermedades, el exceso de actividad y, más comúnmente, la insuficiencia tiroidea pueden causar depresión en los adultos de mediana edad, lo cual resulta en síntomas tales como fatiga, estreñimiento, latidos cardíacos irregulares y hasta convulsiones. Recuerde que las enfermedades de la tiroides son a menudo hereditarias (es decir, se transmiten de padres a hijos).

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