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8 consejos para desterrar las culpas al comer

Independientemente de si tiene un paladar goloso, fijación por los almidones, falta de voluntad ante las grasas saturadas o todas las anteriores, todos estamos familiarizados con la culpa al comer de una u otra manera. La culpa por alimentos es una vergonzosa cadena de emociones y diálogos internos negativos que vienen después de un indulgente bocadillo, un postre dulce o una sabrosa comida.

Si está obsesionado con lo que debería o no debería comer, es hora de desterrar la culpa por la comida para siempre…

1. Identifique las fuentes de la culpabilidad por alimentos

Al ser bebés e incluso niños, no asociamos comer con la culpabilidad y la negatividad. Algo hizo que ésta asociación negativa se produjera. Podría haber sido un familiar que lo haya llamado gordo cuando era niño o revistas llenas de personas con poca ropa y con tipos de cuerpo poco realistas. Reconocer el origen de la culpabilidad le ayudará a superar la negatividad y a crear asociaciones nuevas y positivas alrededor de la comida.

2. Confronte los mensajes externos tóxicos

En muchos casos, podrá verse afectado por fuentes externas con respecto a la culpa por la comida. Por ejemplo, si su padre lo persiguió constantemente en su adolescencia diciéndole: “Vas a engordar si te comes ese perrito caliente”, sin duda comenzará a asociar los perros calientes con los alimentos “malos”. Así que intente poner distancia (o ignorar) este tipo de juicios y enfréntese a los juicios negativos de sus padres.

3. Alimentos buenos vs. malos

La comida es un combustible. Y a menos que esté llena de gusanos o bacterias, no hay tal cosa como comida fundamentalmente “mala” vs. comida fundamentalmente “buena”. Claro, quizá quiera evitar comer barras de chocolate en la cena todas las noches, pero también le harían falta los nutrientes adecuados si come zanahorias (consideradas para muchos una “buena” comida) en la cena todas las noches. La clave es una dieta equilibrada que incorpore todos los grupos de alimentos, grasas, proteínas, carbohidratos y azúcares. Así que aún podrá disfrutar de manera realista de una pequeña porción de chocolate, con moderación y sin culpa adicional.

4. Apunte a la inclusión de alimentos y no a la restricción

Se crea mucho estrés alrededor de lo que comemos. Y aquellos con culpa por comida pueden sufrir ansiedad al comer porque se sienten presionados a comer solo alimentos “buenos”. Así que en vez de contar calorías o desterrar los carbohidratos de su plato, apunte a la variedad en sus comidas en forma de colores, grupos de alimentos o ingredientes. Esto le ayudará a tomar decisiones positivas sobre los alimentos a diario en vez de poner restricciones negativas.

5. Aprenda a entender los alimentos

Casi escribo “Aprenda el perdón hacia la comida” en el encabezado, pero el perdón insinúa una maldad, la que a menudo se une a una indulgencia excesiva de alimentos. No, en lugar de castigarse a sí mismo por una mala opción alimentaria, intente entender sus elecciones de alimentos compasivamente. Está totalmente bien derrochar en un par nuevo de zapatos, una blusa y un pastelito de vez en cuando, no hay disculpas necesarias.

6. Aprenda a identificar y a enfrentar los desencadenantes de los alimentos

Castigarse a sí mismo después de comer compulsivamente no servirá de nada. De hecho, crea un peligroso ciclo de indulgencia excesiva y auto abuso. En cambio, una manera más saludable de abordar un antojo de comida es entender qué desencadenó su compulsividad. Por ejemplo, ¿está estresado en el trabajo, financieramente, o en una relación personal? A veces, usamos la comida como forma de control o como un mecanismo de defensa en vez de lidiar con el problema real que nos genera estrés.

7. Aprenda a darse un poco de amor propio

La culpa por alimentos puede comenzar con un patrón de crítica o de creencias sociales poco realistas. Sin embargo, se fomenta y crece internamente. Es una conversación malsana que tenemos con nosotros mismos sobre nuestras elecciones alimentarias. Así que si tiene una galleta extra, destierre esa charla negativa y vergonzosa con usted mismo, no es una mala persona, solo es un humano.

8. Disfrute de vez en cuando

No es realista el pensar vivir su vida sin disfrutar de sus comidas favoritas otra vez. Yo sé que no puedo vivir sin las tacitas de chocolate y mantequilla de maní, y si lo intentara, terminaría comiendo una bolsa entera. En cambio, me permito una taza de vez en cuando. Es mi derecho, me lo gané. Sin embargo, no tengo una bolsa en casa, pues de lo contrario me la engulliría toda en un mal día. Saborear un poco de mi caramelo favorito una vez cada pocas semanas, lo reservo como mi indulgencia especial.

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