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Siete adicciones sorprendentes y, a la vez, peligrosas

¿Acaso cada vez que sale a cenar con un amigo está todo el tiempo controlando sus cuentas de Facebook y Twitter? El mundo está lleno de hábitos que en seguida pueden convertirse en adicciones — como apostar, ir de compras, broncearse y hasta comer comida chatarra. Incluso las prácticas más saludables, como hacer ejercicio, pueden llevarse al extremo y transformarse en terribles obsesiones.

Preste atención a las siguiente siete…

1. Adicción a las compras

Por más que sus amigos lo llamen shopaholic, ¿sigue comprando hasta que su tarjeta de crédito se quede sin fondos? Los compradores compulsivos sufren un trastorno psicológico que estimula los gastos compulsivos; no lo hacen por el simple hecho de necesitar un determinado bien material, sino porque buscan incrementar su autoestima, sentirse mejor con su apariencia, mejorar su reputación y fortalecer sus vínculos sociales.

En 2013, un estudio realizado por la Universidad Estatal de San Francisco analizó el aspecto económico de la adicción a las compras. Los investigadores sospechan que entre el 2 y el 9 por ciento de los estadounidenses gasta dinero de manera compulsiva; lo más interesante de todo es que estos mismos individuos padecen ansiedad, trastornos alimenticios y de humor. Los resultados del estudio revelaron que, a pesar de tener problemas financieros, los afectados tienden a adquirir determinados artículos no por el hecho de necesitarlos, sino por la liberación de dopamina (un químico que genera bienestar) que esto les produce.

2. Tanorexia

Está claro que los rayos del sol nos aportan la dosis de vitamina D que nuestros organismos necesitan. Si bien determinadas cantidades de la vitamina fomentan el fortalecimiento óseo, mejoran la función inmunológica y previenen enfermedades crónicas tales como la osteoporosis en los adultos y la osteomalacia en niños — una práctica tan natural como tomar sol puede convertirse en una terrible adicción.

Una investigación llevada a cabo por la Skin Cancer Foundation de los Estados Unidos ha demostrado que la luz ultravioleta (UV) puede volverse adictiva debido a las endorfinas (o químicos opioides) liberadas en cada sesión de bronceado. La exposición a los rayos UV (ya sea al aire libre o por medio de camas solares) está vinculada con el desarrollo de quemaduras, ampollas y cáncer de piel melanoma y no melanoma.

3. Adicción a las redes sociales

¿Cuántas veces ha revisado su perfil de Facebook hoy? Si nota que el atractivo de estas páginas web lo ha alejado de otras actividades que antes lo hacían feliz, puede que se encuentre entre el 13% de los usuarios estadounidenses (1% a nivel mundial) adictos a las redes sociales.

De acuerdo con una investigación llevada a cabo por los National Institutes of Health (NIH), a pesar de que la ciberadicción todavía no forme parte del manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales, pronto lo hará. Un grupo de expertos de la Universidad de Columbia asegura que el trastorno de adicción a Internet (IAD, por sus siglas en inglés) provoca las mismas anomalías estructurales y funcionales en el cerebro que la adicción a las drogas. El placer que los adictos a las redes sociales sienten al ver una publicación de Facebook se parece al que los adictos a las drogas sienten cuando consumen cocaína.

4. Ludopatía

Pensar que la adicción al juego es casi tan adictiva como la adicción a las drogas es bastante controversial — el Consejo Nacional sobre la Ludopatía asegura que alrededor de 9 millones de estadounidenses ponen en riesgo sus trabajos, sus familias y su estabilidad financiera por conseguir la dosis de dopamina que experimentan al jugar con las máquinas tragamonedas, al blackjack y hasta al póker en línea.

Ciertas investigaciones llevadas a cabo por la American Psychiatric Association (APA) demuestran que, en términos genéticos, psicológicos y neurológicos, las adicciones a las drogas y al juego son muy parecidas. Cada vez que los individuos afectados se involucran en actividades que estimulan los centros de placer del cerebro, se libera diez veces más dopamina que de costumbre.

5. Adicción a los teléfonos celulares

Mientras el usuario promedio pasa alrededor de 3,6 horas al día concentrado en su smartphone — un nuevo estudio realizado por la Universidad de Derby, en Derby, Inglaterra, asegura que el 13% de los participantes muestra signos de adicción a sus teléfonos celulares. Según el equipo de psicólogos que participó en la investigación, existe un cierto parecido entre el narcisismo y la adicción a estos dispositivos.

Esto significa que, mientras más narcisista sea el individuo, tendrá mayores probabilidades de convertirse en un adicto a su teléfono celular. La investigación llevada a cabo por la Universidad de Derby notó que la obsesión con la apariencia física, la soledad, los celos y las grandes cantidades de ‘selfies’ en las redes sociales son algunos de los síntomas comunes de este tipo de trastorno.

6. Adicción al ejercicio físico

La famosa euforia que sienten los corredores después de una maratón intensa es real. No obstante, de acuerdo con una investigación llevada a cabo por los National Institutes of Health (NIH), hacer ejercicio o realizar deportes en exceso puede tener consecuencias negativas a nivel psicológico y fisiológico.

El estudio de los NIH sugiere que detrás de la adicción al ejercicio físico existe un componente obsesivo-compulsivo, ya que estas prácticas están motivadas por recompensas. Por ejemplo, un experimento de laboratorio con ratones demostró que la actividad física (correr sobre una rueda) estimulaba la producción de dopamina en los sistemas de recompensa del cerebro de los roedores. De la misma manera, la necesidad de sentir placer en los deportistas los lleva a exigirse tanto en los entrenamientos, que sólo una lesión podrá detenerlos.

7. Adicción a la comida chatarra

Las controversias surgieron en 1982 cuando un estudio llevado a cabo por la revista Scientific American aseguró que las papas fritas eran tan adictivas como la cocaína. Parece que las conclusiones del estudio sobre los efectos de los carbohidratos, las grasas y los azúcares en el cerebro humano no eran tan descabelladas como pensábamos. En 2010, el Scripps Research Institute analizó el impacto adictivo de la comida chatarra en tres grupos distintos de roedores y publicó los resultados en la revista Nature Neuroscience.

El primer grupo de ratones siguió una dieta normal; el segundo, consumió cantidades limitadas de dulces y alimentos altos en grasas y el tercero ingirió tantos alimentos grasosos y repletos de azúcares como fue posible. Las criaturas de los dos últimos grupos desarollaron obesidad y sufrieron atracones. Los expertos sugieren que esto se debe a un desequilibrio en el sistema de recompensas que, a largo plazo, empeoró y derivó en una adicción.

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