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Once maneras en las que el estigma de la obesidad afecta la salud

Si bien en algunas partes del mundo la gordura y el sobrepeso se valoran, Norteamérica no es una de ellas. Ser delgado en nuestra cultura es sinónimo de ser atractivo, exitoso, profesional, inteligente, valorado y de que está en armonía con usted mismo. Lo opuesto puede decirse de nuestras creencias sobre la gordura, el sobrepeso y la obesidad. Ser gordo equivale a ser vago, glotón, tonto, lo que hace que se creen estigmas dañinos y negativos en las personas.

Curiosamente, ciertas investigaciones llevadas a cabo en grandes comunidades sugieren que un mejor estado de salud y una vida más larga están asociados con tener más grasa en el cuerpo que con cumplir con los estándares “saludables” de índice de masa corporal que tanto se promueven. Existen muchas consecuencias negativas que surgen de llevar el estigma de la obesidad que no sólo dañan la salud física y mental, sino también nos vuelven incapaces de lucir como la sociedad nos exige que luzcamos…

1. Salud mental

En una sociedad que las desvaloriza tanto y se avergüenza de ellas, no es ninguna sorpresa que las personas con sobrepeso y obesidad presenten mayores tasas de depresión, de pensamientos suicidas y hasta de aumento de peso que sus contrapartes más delgadas.

La presión por perder peso ejercida por familiares, amigos, extraños y expertos en medicina son motivo suficiente para recurrir a la comida para aliviar las penas. Desde estrés crónico y ansiedad hasta depresión y pensamientos autodestructivos, el estigma de la gordura destruye la salud mental y provoca trastornos de alimentación y obsesión por el ejercicio junto con aislamiento y suicidio.

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2. Autoconcepto negativo

Los mensajes negativos crónicos acerca de ser gordos nos conducen a tener baja autoestima, nos hacen creer que no tenemos control de nosotros mismos ni el poder de cambiar nuestra imagen y nos convencen de que tampoco seremos valorados en la sociedad por mucho que nos esforcemos.

A su vez, estos pensamientos fomentan la desesperación de querer bajar de peso de inmediato (¿por qué otro motivo alguien querría tragarse una lombriz solitaria?). Además, por la internalización de estos pensamientos erróneos acerca de la gordura creemos que sólo nos sentiremos felices si bajamos 10 kilogramos.

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3. Hacer dieta

Desde comer sólo uvas y eliminar todos los alimentos integrales hasta seguir una dieta a base de dulces, la industria de la alimentación crea sus planes de alimentación en base a las creencias sociales de que la grasa es mala y que debe destruirse sin importar cómo.

Nos da la impresión de que aparece una dieta nueva cada cinco minutos o que todos los días un colega del trabajo nos sugiere una bebida desintoxicante distinta para bajar de peso rápido. Lo cierto es que las dietas no sirven, pero la fantasía de que, con un poco de suerte, no volveremos a hacer dieta después de probar alguna de estas tendencias extremas se mantiene.

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4. Vergüenza por ser gordo

Tanto en los titulares de los tabloides como en las fotografías que circulan en internet de nuestras celebridades favoritas paseando desprevenidas, los medios no dudan en darle protagonismo a la gordura. En Norteamérica, ser gordo es vergonzoso, pero perder peso y “recuperar el control” del propio cuerpo es un acto admirable.

La celulitis (un término inventado por la industria de la belleza), por ejemplo, es producto natural de la acumulación de grasa debajo de la piel, por más que la industria de la belleza nos haya hecho creer que es antiestética, opcional, algo que está bajo nuestro control. El simple pensamiento de tener el control de nuestro peso nos hace sentir terriblemente culpables si no logramos hacerlo (o si subimos aún más de peso).

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5. Trastornos alimenticios

El miedo y el rechazo por ser gordos son tan intensos que nos conducen a los trastornos alimenticios. Desde anorexia y bulimia hasta la obsesión con el ejercicio y con comer sano, los trastornos alimenticios han aumentado en ambos géneros debido al incremento en la presión por tener cuerpos perfectos.

Tan sólo prenda o encienda el televisor o la pantalla de su computadora u ordenador y verá que estamos bombardeados de imágenes de personas bellas, sexis, delgadas y con músculos marcados. Tiene sentido que los niños quieran hacer dieta desde cada vez más pequeños y que se sientan avergonzados por sus elecciones alimenticias y por la forma en que sus cuerpos lucen.

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6. Exceso de ejercicio

Muchos aún creen que mientras más se ejerciten, más delgados y esbeltos quedarán. Desde maratones y competencias de ultra-fitness hasta clases de fitness súper intensas que duran horas y horas, mientras más es mejor…¿o no?

El estigma de ser gordo no sólo influencia la industria del fitness al ayudarla a tener cada vez más miembros sino que ha facilitado que el miedo por la grasa se extienda a clases y programas diseñados a deshacerse hasta de los rollos más insignificantes. La idea errónea de que hace falta estar libre de grasas para estar en forma sigue vigente en las industrias del fitness y del ejercicio, cuando en realidad se puede ser “rellenito” y aún así estar en forma.

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7. Campañas de “salud”

Patricia Vertinsky, una investigadora de la Universidad de la Columbia Británica, una vez sugirió que un programa de promoción de la salud es sólo un conjunto de opiniones disfrazadas de teorías científicas. En otras palabras, dio a entender que la promoción de la salud a través de programas para adelgazar sólo está basada en datos subjetivos, debido a la falta de investigación que sugiere el vínculo sólido entre grasa y salud.

Las campañas de salud cada vez son más comunes en las escuelas primarias y secundarias y se concentran en enseñar a comer sano y a elegir bien los alimentos que comemos. Lo que parece ser un intento inocente por generar un cambio positivo en la sociedad puede acabar en una ola de trastornos alimenticios y miedo a la comida en los más jóvenes. Recuerde, no existe tal cosa como la comida “buena” o “mala”…es sólo comida.

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8. Aversión a los controles médicos

Se ha registrado que muchas personas obesas posponen sus chequeos médicos anuales por sentir vergüenza de cómo lucen sus cuerpos y por miedo a ser culpados por los médicos por lucir así. La Dra. Arya Sharma, profesora de medicina y jefa en el área de investigación y control en la Universidad de Albert, sugiere que la estigmatización de una persona obesa por parte de un experto en medicina no motiva al paciente a perder peso. De hecho, esto evita visitas y consultas futuras para prevenir enfermedades a largo plazo.

Una investigación que se encargó de examinar el estigma de la obesidad para ayudar a los profesionales a brindar mayor apoyo nutricional, asesoramiento personal y demás, sugiere que existen muchas concepciones erróneas acerca de la gordura. El resultado es la mentalidad de “culpar a la víctima,” que no ayuda a nadie y hace que el paciente desarrolle aversión a los controles médicos.

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9. Terror a los gimnasios

Ciertos estudios en el campo de la psicología del ejercicio sugieren que una de las principales barreras de participación en ejercicios grupales entre la población obesa es el miedo a ser juzgados y a llamar la atención de los demás. Muchas personas con este problema afirman que preferirían bajar de peso antes de ingresar a un centro fitness.

El ambiente fitness no sólo es intimidante para los principiantes sino que está repleto de recordatorios de que estar gordo no es algo bueno. Desde el equipo de entrenamiento que sólo viene hasta la talla ocho hasta las máquinas para hacer ejercicios que no han sido diseñadas para cuerpos robustos, la industria del fitness continúa atrayendo sólo a una pequeña parte de la población.

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10. Falta de representación en los medios

Desde películas y programas de televisión hasta revistas de todo tipo, es muy poco común ver la imagen de una persona no tan delgada sin el apartado “talla grande” o con alguna otra referencia a su imagen corporal. Si bien lo típico es ver publicidades sobre nutrición y fitness con fotografías de modelos felices, jóvenes, delgados y “en forma”, sabemos bien que esto no refleja verdaderamente a toda la sociedad.

Una búsqueda rápida de palabras como “fitness”, “ejercicio” y “alimentación saludable” le demostrará los prejuicios detrás de la representación de la delgadez. Hasta que no veamos todo tipo de cuerpos representados en los medios sin referencias o comentarios hacia su imagen continuaremos pensando que ser delgado es sinónimo de salud y bienestar.

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11. Influencias intergeneracionales

Con tantos programas de salud, el creciente interés por el fitness y la nutrición junto con el posible miedo a la gordura de los padres, tiene sentido que las generaciones más jóvenes estén muy influenciadas por el estigma de ser gordos.

Para revertir esta situación y hacer cambios positivos, es importante desafiar dichas creencias y vivir la vida con un sentido de equilibrio y disfrute. Un buen comienzo es no hacer críticas negativas sobre su propio cuerpo frente a los niños ni criticar el cuerpo de otras personas. Acabar con los estigmas de ser gordos nos llevará por la dirección correcta (y saludable).

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