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Once aciertos y errores al promover la buena salud en el ámbito de trabajo

Son cada vez más las empresas y corporaciones que se suman a la ola saludable al ofrecer a sus empleados pases de gimnasio, actividad física durante los descansos, almuerzos más nutritivos y más oportunidades de aprendizaje. Por desgracia, muchos programas fracasan a la hora de despertar el entusiasmo, el interés y la participación y, en muchos casos, las propuestas quedan a la deriva. Si bien los sermones son útiles para algunos, otros preferirían picarse el ojo con un lápiz antes que asistir a una clase de yoga.

Entonces, ¿cómo puede contagiar sus hábitos saludables sin espantar al resto de sus compañeros de oficina?

1. No sea una defensora acérrima de la salud

Existen dos tipos de personas en el mundo. El primer tipo (“tipo A”) se despierta al amanecer para encontrarse con otros “tipos A” para hacer ejercicio hasta que el resto de los mortales apague la alarma del despertador. Por otro lado, estamos “el resto de nosotros” que antes de hacer eso preferiríamos someternos a una tortura. Acéptelo, quienes promueven la buena salud se transforman en una especie de porristas entusiastas que, si bien son de gran ayuda para animar una clase de aeróbica, terminan por espantar al público menos interesado.

La clave para promover el bienestar en el área de trabajo es reconocer que no todos comparten nuestra pasión por el fitness, los vegetales y las calzas de yoga. Muchas personas preferirían ir a cenar con sus amigos al bar de su vecindario antes que usar ropa deportiva y comer bastoncitos de zanahoria. ¿Cómo podemos lograr que los programas de salud sean más atractivos para todos? El primer paso es conocer bien a nuestros compañeros de equipo (y descubrir qué les interesa y qué los motiva) y luego aprender a respetar las diferencias de cada individuo.

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2. Busque hechos

Con tantas falacias sobre salud, fitness y nutrición dando vueltas por ahí, es importante contar con recursos que provengan de fuentes fiables. Los artículos de las revistas de fitness de moda no siempre son una fuente óptima de datos sobre bienestar.

Por ejemplo, los programas que se basan en tácticas aterradoras tales como “la obesidad es mala para la salud” son poco informativos y provocan más daños que beneficios. Las investigaciones que promueven hábitos saludables como comer más vegetales y hacer más actividad física son más aceptables y cuentan con mayor evidencia científica.

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3. ¡No se olvide de la diversión!

Se sabe que cuando las personas se divierten, aprenden más y tienen mayores probabilidades de entusiasmarse con una actividad. Si a eso le agrega un toque de humor, captará la atención de aquellos que preferirían irse a casa a almorzar antes que hacer ejercicio. Si nuestro programa de bienestar incluye contratar a un orador para que dé una presentación sobre buena alimentación, trate de que ese orador dé charlas divertidas y que apelen al sentido del humor.

Además, trate de ser creativo a la hora de planear las sesiones de actividad física cada vez que pueda. Incorpore clases temáticas, (por ejemplo, Noche de Brujas) y organice competencias amistosas (por ejemplo, un torneo interdepartamental). Si lo hacemos divertido…¡nadie querrá quedarse afuera!

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4. Sea inclusivo

Con frecuencia, los programas de salud en el ambiente de trabajo ofrecen clases para personas activas o que tienen un rango de movilidad “saludable”. Por ejemplo, las clases de yoga (a menos que sean personalizadas) no tienen en cuenta el rango de movilidad limitado de personas con sobrepeso o con discapacidades. Es muy importante considerar tantas limitaciones y diferencias como sea posible así se pueda brindar un programa inclusivo.

Otro punto a tener en cuenta son los horarios disponibles de los programas. ¿Acaso los trabajadores del turno noche se los perderán? ¿Qué pasa con aquellas personas que no pueden asistir debido a que tienen hijos pequeños a los que deben cuidar? Recuerde: Un programa de salud en el área de trabajo debe ser integrador.

5. No subestime los comportamientos humanos

Supóngase que hemos construido un programa de salud inclusivo, divertido y basado en hechos confiables. De repente, descubre que nadie podrá asistir. Esta es la frustración número uno entre los organizadores de actividades extra-laborales. Es importante comprender la psicología del comportamiento humano (aunque sea las nociones básicas) para entender este fenómeno.

Según el libro de Prochaska, Norcross y DeClemente, Changing for Good, sólo el 20% de la población a la que el programa está destinado participará…el resto ni siquiera planea unirse. Entonces, ¿cómo captamos la atención del 80% restante? Con medidas tan simples como repartir manuales informativos que entretengan y eduquen. Esto permitirá que los empleados se tomen el tiempo de formular preguntas y de aclarar dudas que le generen inseguridad o que fomenten la falta de interés.

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6. No se olvide de las recompensas

Créase o no, las recompensas más simples son las que más impactan al motivar a los adultos a participar de programas de salud. No hace falta ofrecer objetos caros ni dinero, sino algunas estrellas de oro o una tabla que reconozca a los participantes. Si bien el dinero motivará a los empleados a cambiar su comportamiento a corto plazo, no tendrá un impacto significativo en el futuro.

Una alternativa interesante es crear un sistema de bonos que los empleados puedan intercambiar por beneficios. Por ejemplo, por cada “hábito saludable”, los participantes recibirán una estrella dorada para pegar junto a su nombre. El objetivo de esto es juntar determinada cantidad de estrellas e intercambiarlas por una recompensa específica. Puede ser algo como irse una hora antes a casa los viernes o disfrutar de un día de “vestimenta casual” en la oficina. Las estrellas no sólo son para niños…¡a los adultos también les encantan!

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7. No defina la salud en dos dimensiones

Una de las consideraciones más importantes a la hora de elaborar un programa de salud es optar por un modelo de “bienestar” y “salud” efectivo. Algunos definen bienestar como mente, cuerpo y espíritu, mientras que para otros es alimentarse bien y hacer ejercicio. El Dr. Michael O’Donnell, fundador de Editor in Chief of American Journal of Health Promotion, ha sugerido un modelo de cinco factores.

Desde lo físico, lo social y lo espiritual hasta la salud emocional e intelectual, todos los factores son de igual importancia y son valorados de la misma manera en las investigaciones de salud. La clave es incluir tantos de estos factores como sea posible en su programa de salud para empleados. Si la salud social implica conectarse con los demás (además de que reduzca el estrés y la presión arterial y refuerce el sistema inmunológico), organice eventos grupales para fomentar la integración y el trabajo en equipo.

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8. Promocione de forma creativa

Aceptémoslo; es imposible que las campañas de promoción de productos saludables luzcan atractivas si se las compara con comerciales de comida chatarra. ¿Cómo una campaña sobre frutas y vegetales puede competir con una publicidad de comida rápida? La clave es promocionar de forma creativa, divertida, informativa y, ante todo, entretenida.

Use imágenes coloridas y, en lo posible, graciosas que estén vinculadas con la cultura popular y que se relacionen con la mayor parte de la audiencia. Un póster sobre los efectos negativos de dejar de fumar no tienen el mismo impacto que otro que apela al sentido del humor. Como todos sabemos, los comerciales de televisión más divertidos son los que más recordamos.

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9. No promueva la actitud “reality show”

Muchas investigaciones han demostrado claramente que el 95% de las personas que pierden peso lo recuperan al cabo de cinco o diez años. Además, hemos comprendido que concentrarnos solamente en bajar de peso no es tan efectivo como focalizarnos o centrarnos en comportamientos saludables.

Las competiciones para adelgazar sólo promueven la idea de perder peso por el simple hecho de ser una competición. Lo peor de todo es que, para cumplir con las exigencias del programa, alrededor de un tercio de los participantes recurrirá a dietas y entrenamientos físicos híper demandantes, por lo que son propensos a desarrollar trastornos psicológicos y alimenticios. Cualquier programa de salud que se comprometa a mejorar la calidad de vida de los empleados deberá evitar promover cualquier tipo de hábito de salud dañino o peligroso.

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10. No juzgue

Las personas más criticonas son los médicos, los nutricionistas y los entrenadores personales (sin ofender). Los artículos e investigaciones sobre salud y todo lo que contenga información de este tipo están repletos de expresiones sobre lo que es “bueno” y lo que es “malo”. Cuando nos sentimos juzgados por nuestros comportamientos es menos probable que nos animemos a cambiar. En lugar de eso, nos sentimos avergonzados, culpables y hasta deprimidos y en algunos casos tendemos a cometer los mismos errores (como comer por angustia, por ejemplo) del pasado.

En última instancia, todos tenemos derecho a elegir qué comer y cómo vivir y la mayoría elige lo opuesto a lo que se considera “bueno”. Además, ¿quién es quién para decir que algo es “malo”, “bueno” o “dañino”? Existen tantos factores que determinan el estado de salud de una persona que comer comida chatarra y sentarnos en el sillón a ver televisión no impactará de forma tan extrema si nos sentimos bien a nivel espiritual, social, intelectual y emocional.

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11. No pase por alto los pequeños avances

Como sociedad, nos limitamos a celebrar los logros de los atletas de elite. Nos impresionamos cuando un deportista rompe un récord y en realidad deberíamos sorprendernos cuando alguien se decide a salir a correr por primera vez. Se necesita muchísimo coraje para dar el primer paso en un proceso de cambio y, aunque no lo crea, sentir que nuestro entorno nos apoya es de gran ayuda.

Si los empleados sienten que sus esfuerzos son bien reconocidos, habrá mayores probabilidades de que sean constantes. Esto incluye tanto a personas que logran dar la vuelta a la manzana como a las que son capaces de subir las escaleras por primera vez. Para ellos, esa clase de avance puede igualarse con los de un atleta profesional, por lo que nuestro apoyo puede ser justo lo que necesitan para tener vidas más activas.

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