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La oscura realidad detrás de las pesadillas

Si en más de una ocasión se ha despertado en medio de la noche bañado en sudor y muy exaltado, puede que sea una víctima frecuente de sus propias pesadillas. Si bien todos las sufrimos de vez en cuando, muchos factores nos vuelven propensos a soñar con paisajes aterradores. Respire hondo e intente relajarse, exploremos juntos qué hay detrás de este fenómeno tan inquietante…

1. ¿Qué causa las pesadillas?

De acuerdo con las estadísticas de la American Academy of Sleep Medicine (AASM), los niños de entre 5 y 12 años son las víctimas más comunes de las pesadillas.

Las causas más comunes son las películas y los programas de terror o las historias espeluznantes antes de dormir. Sin embargo, la AASM asegura que ciertos eventos de la vida real también pueden perturbar el ciclo de sueño de una criatura (o de un adulto), como el estrés, los cambios de horario (por ejemplo, un nuevo año escolar) o la muerte de algún familiar.

2. Pesadillas en adultos

La AASM estima que alrededor del 50% de los afectados son niños. De hecho, sólo del 2% al 8% de los adultos sufre de pesadillas ante un episodio de estrés, la muerte de un familiar o al ver películas o programas de terror.

En la adultez, un mal sueño es una buena forma de detectar los problemas o las dificultades en nuestras vidas. Es fácil ignorar el estrés laboral al lidiar con nuestros estudios y obligaciones laborales y sociales durante el día. Sin embargo, al dormir, es imposible hacer oídos sordos a lo que nos preocupa.

3. ¿Qué ocurre durante una pesadilla?

Si les hace esta pregunta a los expertos de la Clínica Mayo, le explicarán que las pesadillas, al igual que los sueños, son mecanismos que le permiten al cuerpo continuar con los procesos cognitivos en momentos de descanso. Es por eso que la principal causa de los sueños aterradores es el estrés; de esta forma, el cerebro trata de descifrar el origen del conflicto (problemas en el trabajo o en la escuela, cambios radicales en la vida de una persona, alguna tragedia, etc.).

Según un grupo de expertos, las pesadillas le permiten al cerebro detectar dificultades y problemas durante la fase de sueño de movimiento ocular rápido (MOR). Estas ocurren en la amígdala (el lóbulo frontal del cerebro), el sector que controla las emociones negativas (miedo, estrés, ira) durante la fase de sueño MOR para así resolver las dificultades sin tantas distracciones.

4. Desencadenantes externos

Los conflictos sin resolver que se manifiestan al dormir (como momentos de estrés y traumas) no son los únicos factores que motivan el desarrollo de pesadillas. Un estudio publicado en el año 2000 en la revista Journal of the Mind and Body descubrió que los malos hábitos alimenticios incrementan las posibilidades de tener sueños aterradores — en especial, en aquellos individuos que ingieren carbohidratos o cafeína a altas horas de la noche; esto estimula el metabolismo y la actividad cerebral.

Además, ciertos medicamentos y drogas recreativas como el alcohol provocan sueños aterradores. La Clínica Mayo explica que sucede lo mismo con algunas píldoras para controlar la presión arterial, con los antidepresivos, los bloqueadores beta y ciertos medicamentos utilizados en el tratamiento del Parkinson. Algunas alternativas para dejar de fumar (como los parches de nicotina, por ejemplo) también interrumpen el descanso nocturno.

5. Trastornos de sueño y pesadillas

De acuerdo con una investigación realizada por la Clínica Mayo, las pesadillas en los adultos son provocadas por factores psicológicos — como trastornos de sueño (el síndrome de la pierna inquieta o la apnea de sueño, por ejemplo), ansiedad o depresión.

Cualquier desequilibrio que interfiera con los patrones normales de sueño nos vuelve más propensos a tener pesadillas — de la misma forma que un evento traumático reciente (un ataque, una lesión o un accidente) viene acompañado de trastornos de estrés postraumático (TEPT). La Clínica Mayo asegura que los trastornos de ansiedad alteran el descanso nocturno y fomentan la aparición de sueños aterradores.

6. Cambios y pesadillas

Los cambios diarios que provocan estrés también están vinculados con la presencia de sueños inquietantes y perturbadores. De hecho, una importante investigación publicada en la revista Journal of Abnormal Psychology descubrió que los estudiantes universitarios son más propensos a tener pesadillas debido a la presión constante que experimentan en sus vidas.

Además, tanto niños como adultos que estén atravesando algún proceso de cambio suelen tener pesadillas. Los expertos notaron que los individuos que se enfrentaban a situaciones trascendentales como retiros, embarazos o divorcios aseguran haber tenido sueños vinculados con muertes o asesinatos.

7. Pesadillas y conflictos sin resolver

Un estudio llevado a cabo en el año 2000 en la Facultad de Medicina de la Universidad de Colorado, en Pueblo, Colorado, asegura que el estrés, la ansiedad, los traumas del pasado y los conflictos sin resolver continuarán atormentándonos en los sueños hasta que hagamos algo al respecto.

Esta investigación reveló que alrededor del 68% de los veteranos de guerra y el 25% de las víctimas de traumas detectaban patrones en sus sueños, como movimientos corporales, repetición de imágenes del trauma, presencia de sentimientos de ira o de angustia extremos y miedo. También se comprobó que aquellos pacientes que se sometían a tratamientos psiquiátricos o psicológicos (como psicoterapia, restructuración cognitiva y terapias de reprocesamiento del trauma) notaban una disminución importante en la frecuencia de las pesadillas y en los episodios de ansiedad, angustia y cambios de humor.

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