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Seis hábitos inocentes que alteran sus niveles hormonales

Nuestro organismo está lleno de hormonas responsables de llevar a cabo la mayor cantidad de funciones corporales esenciales posibles, como dar inicio a la pubertad, dormir, dominar los niveles de estrés, el estado de ánimo, el deseo sexual, el peso y el apetito, entre otras tantas. Sin embargo, ciertos hábitos inocentes pueden generar grandes caos en sus hormonas y en las funciones físicas y psicológicas mencionadas anteriormente. Examinemos seis comportamientos diarios vinculados con desequilibrios hormonales…

1. Patrones de sueño interrumpidos

El ciclo de sueño está dominado por el reloj interno del cuerpo, lo que se conoce como los ritmos circadianos. Según una investigación de la revista International Journal of Endocrinology, existe un vínculo claro entre los patrones de descanso y la secreción de hormonas, en especial en las mujeres.

De hecho, las alteraciones hormonales acaban afectando nuestro ciclo menstrual, los niveles de estrés (por el exceso de cortisol), la glucosa en sangre y los ritmos circadianos, lo que provocará interrupciones en el descanso nocturno y provocará antojos de comida chatarra.

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2. Falta de ejercicio

Hace tiempo que me dedico a promover los beneficios sutiles (o menos estéticos) de hacer ejercicio de forma regular. Bien, WebMD.com asegura que además de la falta de energía y del posible aumento de peso, la falta de actividad física también puede generar un gran caos en sus hormonas.

Las endorfinas, o los famosos químicos del “bienestar” producidos por el cerebro, nos mantienen activos y de buen humor (previenen la irritabilidad y la depresión). Además, influyen en la libido (es decir, en el deseo sexual) y refuerzan el sistema inmunológico para alejar gérmenes y enfermedades. Así que intente incorporar a su rutina diaria una caminata de al menos 30 minutos de duración.

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3. Falta de actividad cardiovascular

Por más que no falte ni un solo día al gimnasio, si sus entrenamientos sólo se concentran en levantar pesas (es decir, en mejorar la resistencia), sus hormonas sufrirán las consecuencias.

Ciertos estudios llevados a cabo por la Universidad Estatal de Pensilvania revelaron que aquellos que no incluían ejercicios aeróbicos en sus rutinas no aprovechan los beneficios naturales de la grelina, una hormona supresora del apetito. Esta se vincula directamente con los niveles de transpiración y previene antojos nocturnos de comida chatarra.

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4. ¡Demasiados dulces!

Si su dieta incluye grandes cantidades de azúcar refinada— como caramelos, chocolates, gaseosas azucaradas y otros alimentos procesados— no sólo corre riesgos de estar excedido de peso, sino también es propenso a sufrir el síndrome metabólico y diabetes tipo 2.

Según la Dra. Holly Phillips, oriunda de Nueva York y experta en problemas de salud de la mujer, el exceso de azúcar en la alimentación puede provocar resistencia a la insulina. Si desarrolla resistencia a la insulina, a su cuerpo le costará transferir la energía de los azúcares a las células corporales.

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5. Dietas restrictivas

Si es de los que les encanta probar todas esas dietas novedosas de las celebridades, piense en el efecto rebote que esto provoca en sus hormonas. Según los datos compilados por el Centro de Investigación Biomédica Pennington, entre tantas restricciones alimenticias y jugos purificadores y desintoxicantes no superará las 1000 calorías diarias y esto resultará en un gran desbarajuste hormonal.

Cualquier dieta restrictiva y que tenga fecha de finalización causará desequilibrios hormonales severos al hacer que los niveles de estrógeno se vayan en picada. Por más que pierda peso de forma rápida, pondrá en juego su humor, su apetito, sus patrones de sueño ¡y sus probabilidades de volver a engordar cuando retome su alimentación normal!

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6. Dosis de cafeína de media tarde

Si es de esos que a las 2 p.m. beben un latte azucarado o corren a la máquina expendedora en busca de una gaseosa en días laborales, puede echarle la culpa al cortisol, la hormona del estrés. Esta activa la respuesta de lucha o huida del organismo, genera ansiedad, temblores, cambios de humor y alteraciones en el sueño e incrementa los antojos de azúcares.

Un estudio llevado a cabo por investigadores de la Escuela de Salud Pública Johns Hopkins Bloomberg vincula el exceso de cafeína con el aumento del cortisol, lo que hace que experimente mayores niveles de estrés y ansiedad e impacta en sus patrones de sueño.

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