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Los diez miedos más comunes en los seres humanos

Se cree que el miedo es una de las emociones más poderosas que experimentan los seres humanos. Incluso es más poderoso que el amor. Es un elemento crucial de la supervivencia y se origina en la parte más primitiva de nuestro cerebro, la que es responsable de enviarnos señales de alerta y de protegernos del peligro, de mantenernos a salvo y con vida. El miedo como respuesta de lucha o huida al estrés se originó con nuestros primeros ancestros, que debieron enfrentarse a amenazas que podían poner en riesgo su existencia.

Cada vez que al hombre de las cavernas se le cruzaba en su camino alguna de las enormes bestias con dientes de sable, su respuesta de lucha o huida se activaba. El pulso se aceleraba para poder bombear sangre oxigenada a los músculos, el ritmo de la respiración se incrementaba, la sangre se desviaba al cerebro y a los órganos vitales para ser suministrada a los músculos y la adrenalina se liberaba en el torrente sanguíneo. Todos estos cambios en el organismo ocurrían para permitirle al individuo que luchase contra el tigre o corriera para salvar su vida. Si bien ya no tenemos que enfrentarnos a los dientes de sable, hoy en día debemos ponernos cara a cara con nuestros propios miedos irracionales, que nos obligan a ir en busca de refugio. A continuación, echémosles un vistazo a los miedos que más afectan a las personas…

1. Miedo al fracaso

El miedo al fracaso, o atiquifobia, puede ser tan paralizante que evita que una persona alcance lo que se propone. Quienes la sufren suelen subestimar de manera inconsciente sus esfuerzos para no tener que desilusionarse. Muchos han tenido padres extremadamente críticos y trasladan la humillación y la negatividad a la adultez. Este miedo se manifiesta con mala predisposición a probar cosas nuevas, auto-sabotajes, ansiedad, baja autoestima y actitudes perfeccionistas.

El miedo al fracaso actúa como catalizador para enfermedades psicológicas como el trastorno de ansiedad generalizada, la depresión o el trastorno obsesivo-compulsivo. Quienes le temen al fracaso pueden ser exitosos en áreas como la acumulación de ganancias pero tienen serios problemas en el área de las relaciones interpersonales. Son incapaces de alcanzar el equilibrio en su vida laboral y nunca son felices, sin importar cuánto dinero ganen.

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2. Miedo al éxito

Para algunas personas con trastorno de estrés postraumático, los sentimientos de excitación vinculados con el éxito o la autorrealización se asemejan a lo que experimentaron durante el evento que los marcó en el pasado. Esto los lleva a evitar cualquier circunstancia emocionante a fines de mantener la seguridad, el orden y la calma en sus vidas.

Otra razón por la que los individuos le temen al éxito se relaciona con los confusos mensajes que la sociedad envía sobre las personas triunfadoras. El éxito ha sido asociado con características negativas como la competitividad, la envidia o la arrogancia. Otros han internalizado formas de maltrato verbal como haber sido llamados perdedores o que los que los rodean les repitan que nunca lograrán nada en sus vidas y, como consecuencia, bajan por completo sus expectativas.

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3. Miedo a morir

El miedo a la muerte (tanatofobia) es un miedo desmedido y persistente a la propia muerte, que causa mucha angustia y ansiedad a quienes lo sufren. Las personas mayores que padecen baja autoestima, múltiples problemas físicos y psicológicos suelen experimentar mayor ansiedad vinculada con la muerte. Sin embargo, los jóvenes no están exentos.

Por desgracia, esta clase de temor al futuro llega a ser tan intenso para algunos que se olvidan de vivir el presente. Algunas variaciones incluyen el miedo a morir solo, a agonizar y a morir con alguna capacidad mental alterada.

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4. Miedo al compromiso o a la intimidad

Alrededor del 17% de los adultos le tiene miedo a la intimidad o a la cercanía en sus relaciones. Este patrón subconsciente para interactuar se origina con reacciones biológicas internalizadas en el cerebro que se vinculan con ciertas prácticas de paternidad en la niñez. Las personas con este tipo de miedo sufren el desprecio o el rechazo de sus padres, que son incapaces de brindar a sus hijos el control y la seguridad que necesitan. Es posible que los progenitores hayan subestimado o se hayan burlado de las necesidades del niño o hayan usado prejuicios como método para controlar los comportamientos del pequeño (por ejemplo, diciéndole que los hombres no lloran).

Cuando un niño es incapaz de expresarse libremente y sus padres reaccionan con intolerancia, rechazo o castigos, al pequeño sólo le queda reprimir todo tipo de emociones y sentimientos negativos. Como adultos, estos individuos ignoran cualquier señal que indique ser marginalizado o dejado de lado. La intimidad en las relaciones genera vulnerabilidad y eleva las posibilidades de ser rechazado y lastimado, por lo que suele ser una experiencia indeseada por los que sufren este miedo.

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5. Miedo a las arañas

La aracnofobia es un miedo irracional e intenso a las arañas. Es uno de los más antiguos y más estudiados por los expertos. Algunos científicos han llegado a la conclusión de que se trata de un miedo evolutivo que desarrollamos durante siglos para protegernos. Esto se debe a que muchas arañas son venenosas y provocan infecciones, enfermedades y, en casos más extremos, la muerte.

Los investigadores del Reino Unido han descubierto que alrededor del 32% de las mujeres y el 18% de los hombres desarrollan ansiedad o miedo desmedidos cuando están cerca de estas criaturas. Entre las causas de aracnofobia se incluyen una reacción que se contagia al ver a otras personas atemorizadas, un desequilibrio químico en el cerebro o una experiencia de vida traumática que involucra algún contacto con arañas.

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6. Miedo a volar

El miedo a volar aparece al estar a bordo de un helicóptero o de un avión mientras no se encuentra en tierra firme. Esto puede originarse como reacción al miedo de otros o se desarrolla como consecuencia de un evento traumático al volar. Por ejemplo, si por turbulencia extrema un avión debe hacer un aterrizaje de emergencia, una persona puede desarrollar ansiedad o miedo a volar en el futuro.

Según las estadísticas, el avión es uno de los medios de transporte más seguros que existen. Otro factor que puede jugar un papel clave es que los seres humanos no podemos volar. Al ser criaturas terrestres, estamos acostumbrados a tener ambos pies sobre la tierra en todo momento. Las caídas nos vuelven vulnerables y nos sentimos fuera de control. Volar no forma parte de nuestra naturaleza y desencadena sentimientos de pérdida de control y ansiedad.

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7. Miedo a hablar en público

La glosofobia es el miedo a hablar en público y afecta a cualquier ser humano. Esto se manifiesta como un miedo generalizado a hablar en frente de otros o en forma de pánico escénico en el caso de los actores y músicos. Los síntomas incluyen ansiedad extrema ante la idea de tener que dirigirse a un grupo de personas. Dichos síntomas pueden ser físicos, verbales y no verbales.

Algunos de los síntomas físicos vinculados con el miedo a hablar en público son náuseas, sudoración, resequedad bucal, aumento de la presión arterial, tensión muscular y aceleración del pulso. Los síntomas verbales suelen ser pausas al hablar, voz temblorosa, tartamudeo e incapacidad de hablar. Los investigadores estiman que más del 75% de las personas tiene cierto grado de ansiedad a hablar frente a grandes multitudes y algunos hasta le temen más a este tipo de situaciones que a la muerte misma.

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8. Miedo a las alturas

La acrofobia es un miedo irracional a las alturas. Este surge como una defensa saludable para evitar que cometamos alguna locura como arrojarnos por un acantilado. Sin embargo, cuando se lleva a niveles extremos puede ser debilitante y hasta incapacitante. Por ejemplo, algunas personas hasta desarrollan niveles de ansiedad desmedidos con apenas pensar en subir una escalera o pararse sobre un tejado. Estas actividades no tienen por qué ser peligrosas si se toman los recaudos correspondientes.

El temor a las alturas afecta a miles de personas; jóvenes, personas mayores, mujeres y hombres por igual. Entre las celebridades con pánico a las alturas se incluyen Whoopie Goldberg, John Madden y Woody Allen. Así que si las alturas no son lo suyo, sepa que no está solo.

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9. Miedo a la oscuridad

Este miedo irracional es muy común en millones de niños pequeños cuya ansiedad se eleva considerablemente cada vez que se apagan las luces de sus habitaciones cuando llega la hora de dormir. Según la Dra. Jenn Berman, PhD, “El miedo a la oscuridad tiende a desarrollarse en el momento en el que un niño es lo suficientemente maduro como para usar su imaginación.” Esto sucede entre los 2 y 3 años de edad. En esta etapa a los pequeños les cuesta distinguir entre la fantasía y la realidad.

Por la noche, al haber menos estímulos que mantengan ocupadas las mentes de los niños, la imaginación puede jugarles una mala pasada. Este es el momento en el que fantasean con monstruos debajo de la cama o dentro del ropero, que están listos para desaparecer apenas mamá y papá llegan al rescate. Dejar encendida la luz del pasillo o instalar una luz nocturna en la habitación del pequeño puede ser de gran ayuda para aliviar la ansiedad. Restringir la cantidad de horas que su hijo ve televisión y monitorear de cerca el contenido de los programas que consume también puede ser útil a la hora de controlar los temores nocturnos.

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10. Miedo al rechazo

El miedo a ser rechazados es uno de los más profundos y problemáticos que existen. Los humanos se esfuerzan constantemente por ser aceptados y esta necesidad básica y primitiva está muy arraigada en nuestro sentido de supervivencia como especie. Los niños que crecen en familias disfuncionales llegan a extremos muy poco saludables con tal de ser aceptados por sus parejas y compañeros. Por lo general, sufren de baja autoestima y tienen miedo de ser excluidos o dejados de lado. La simple idea de no encajar les genera terror, entonces la respuesta de lucha o huida ante el estrés se activa y los lleva a cometer locuras con tal de tener el visto bueno de su círculo social.

Por otro lado, si se vuelven muy apegados a alguien o se pasan de la raya, ellos mismos provocan el rechazo ajeno que tanto quisieron evitar. Como todos los miedos, el de ser rechazados no ocurre de manera aislada. Si siente que su vida está frenada por culpa de un miedo irracional, puede que sea hora de buscar ayuda profesional para volver a encaminarse. Cuanto más pronto recupere el control, más rápido se disipará el miedo.

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