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Las once erupciones cutáneas más comunes en los niños

Las erupciones cutáneas son muy comunes en la niñez. Son producto de alguna reacción e implican un cambio significativo en la textura y el color de la piel. Entre los síntomas típicos se incluyen enrojecimiento, descamación, picazón, aparición de granitos o bultos, urticaria o quistes. Lograr determinar la causa de una erupción en los niños a veces es todo un desafío. Entre los factores más comunes se incluyen infecciones (virales, bacterianas o micóticas) y alergias. La mayoría de las erupciones en la niñez son benignas (no representan peligros significativos para el paciente) y suelen desaparecer por sí solas. Sin embargo, algunas son más severas y hasta ponen en riesgo la vida del pequeño. Por esta razón, si su hijo presenta uno o varios de los síntomas mencionados anteriormente, le recomiendo que consulte a un especialista cuanto antes.

A continuación, las once erupciones típicas de la niñez…

1. Sarampión

El sarampión es una enfermedad viral altamente contagiosa. Por lo general, ocurre en la niñez aunque afecta a personas de todas las edades. Es provocada por el virus del sarampión, que se clasifica como morbillivirus. Se transmite por contacto directo por medio de la transmisión de secreciones nasales o de la garganta y por vía aérea, al respirar las secreciones del individuo afectado. El sarampión puede prevenirse con la vacuna correspondiente, que se aplica junto con la de las paperas y la rubéola.

En cuanto a los síntomas más comunes de la enfermedad se incluyen sarpullidos, fiebre y tos. El sarpullido suele ser rojo y plano y se inicia en el rostro y luego se expande al tronco, los brazos y las piernas. Comienza con pequeñas lesiones individuales que, eventualmente, se juntan y forman un gran bloque. El tratamiento es sintomático y consiste en aumentar la ingesta de líquidos y en consumir paracetamol para aliviar la fiebre. No debería administrarle aspirinas a los niños propensos a sufrir el síndrome de reyes. Algunas complicaciones del sarampión son infecciones en el oído, neumonía, bronquitis y bajo conteo de plaquetas.

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2. Rubéola

La rubéola, también conocida como el sarampión alemán, es una enfermedad viral típica de la niñez que provoca sarpullidos en la piel. Es causada por un rubivirus. Se transmite por contacto directo con secreciones de la nariz y la garganta de un individuo afectado. Puede prevenirse con la vacuna contra la rubéola, que se administra junto con la de las paperas y el sarampión. No obstante, la rubéola es una infección mucho más leve que el sarampión.

El sarpullido de la rubéola se caracteriza por ser delgado y rosáceo y comienza en el rostro, para luego expandirse al tronco, los brazos y las piernas. Algunos de los síntomas típicos incluyen fiebre, dolores de cabeza, congestión nasal y agrandamiento de los nódulos linfáticos. No existe una cura específica para la rubéola; el tratamiento incluye reposo, aumento en la ingesta de líquidos y consumo de paracetamol para calmar la fiebre y el dolor. Los niños con rubéola no deberían estar en contacto con mujeres embarazadas a fines de prevenir la rubéola congénita, que puede provocar complicaciones tales como cataratas, retraso mental, agrandamiento del bazo y del hígado y hemorragias en el nonato.

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3. Varicela

La varicela es una enfermedad viral altamente contagiosa típica de la niñez. Es causada por el virus de la varicela-zóster, una forma del virus del herpes. Se transmite por contacto directo de persona a persona o por medio de los fluidos contaminados que ingresan a través de las vías nasales. La varicela, por lo general, se diagnostica en niños de 5 a 9 años. Gracias a la aparición de la vacuna para la varicela en 1995, los casos de la enfermedad se han reducido considerablemente en los Estados Unidos.

Los síntomas típicos de la varicela incluyen sarpullido, fatiga y fiebre leve. El sarpullido presenta tres fases características: la aparición de pápulas (bultos de color rojo) que se transforman en ampollas llenas de fluido (vesículas), que finalmente explotan y son reemplazadas por costras. Es posible que las tres etapas del sarpullido ocurran de forma simultánea en el mismo individuo. Debido a que se trata de una enfermedad viral, no existe una cura específica para la infección. La varicela suele ser un problema de salud leve, aunque presenta complicaciones tales como neumonía, infecciones bacterianas secundarias, falta de coordinación muscular y encefalitis (inflamación del cerebro).

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4. Roséola

La roséola o exantema súbito es una enfermedad viral contagiosa que ocurre en la niñez. La causa más común es el herpesvirus de los humanos HHV-6. Sus síntomas más característicos son la fiebre alta y la presencia de sarpullidos. Dicho sarpullido consiste en la aparición de lesiones pequeñas, planas o levemente elevadas de color rosado, primero en el torso y luego en el rostro, los brazos y las piernas. En términos generales, la enfermedad no es grave y muchos niños se recuperan al cabo de una semana.

La roséola comúnmente afecta a menores de 2 años y puede desarrollarse en cualquier época del año. Algunos medicamentos de venta libre como el paracetamol (Tylenol) o el ibuprofeno (Advil, Motrin) ayudan a reducir la fiebre, que puede alcanzar hasta los 40 grados Celsius. A los niños que corran riesgos de padecer el síndrome de reyes no deberían administrárseles aspirinas, ya que podría ser fatal. En ocasiones, la fiebre elevada junto con la roséola pueden provocar convulsiones febriles, que son muy breves y en pocas ocasiones representan una amenaza.

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5. Eritema infeccioso

El eritema infeccioso, o quinta enfermedad, es una enfermedad viral contagiosa que se desarrolla a cualquier edad, pero ocurre principalmente entre los 5 y 15 años. Es provocada por el parvovirus humano B19; la mayoría de los infectados con parvovirus no presenta ningún síntoma y sólo el 25% de los pacientes desarrollará la quinta enfermedad. El eritema infeccioso puede aparecer los 365 días del año, aunque es más común en invierno y al comienzo de la primavera.

El eritema infeccioso se caracteriza por el desarrollo de un sarpullido rojizo, brilloso y levemente elevado en las mejillas, que hasta parecen haber sido abofeteadas. Con el paso de los días, el sarpullido en las mejillas desaparece y es reemplazado por uno más claro en el torso y las extremidades. En los niños, la enfermedad es benigna (no causa daños) y se resuelve sin complicaciones. El tratamiento es sintomático e incluye descanso, consumo de fluidos y administración de paracetamol (Tylenol) o Ibuprofeno (Advil, Motrin) si es necesario. Las aspirinas deberían evitarse en niños con riesgos de padecer el síndrome de reyes, ya que podría ser fatal.

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6. Exantema vírico de manos-pies-boca

El exantema vírico de manos-pies-boca es una enfermedad viral común en los niños. Por lo general, es causada por el virus coxsackievirus A16. El sarpullido del exantema vírico consiste en la presencia de ampollas en la boca, la lengua y el paladar. Las lesiones también pueden aparecer en las palmas de las manos o en la planta del pie, en las nalgas o en los genitales. Este tipo de complicación es muy común en verano y a comienzos del otoño y afecta principalmente a niños menores de 10 años.

El periodo de incubación del exantema vírico de manos-pies-boca es de una semana. Los síntomas (además del sarpullido) incluyen inflamación y dolor en la boca, fiebre, falta de apetito, malestar y, en casos menos comunes, vómitos. No existe una cura específica para la enfermedad y el tratamiento es sólo de apoyo. La complicación más común del exantema vírico es la deshidratación, debido a la explosión de las ampollas dolorosas en la boca y en la lengua. Las complicaciones severas son menos comunes. La mayoría de los pacientes se recupera al cabo de 7 y 10 días.

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7. Molusco contagioso

El molusco contagioso es una infección viral de la piel altamente contagiosa y muy común en los niños. La enfermedad es causada por el poxvirus. Este se transmite por contacto directo de piel a piel o de forma indirecta por tocar objetos contaminados. La enfermedad afecta mayormente a niños de 1 a 5 años de edad. Al rascarse las lesiones, el paciente traslada el virus a otras partes del cuerpo, lo que se denomina autoinoculación. Si no se la trata, la enfermedad tarda 12 meses en desaparecer. La remoción bajo la supervisión de un experto es otra opción de tratamiento.

El sarpullido del molusco contagioso consiste en la presencia de pequeñas pápulas con forma de cúpula del mismo color de la piel (protuberancias sólidas) con una umbilicación (depresión) en la parte central. El tamaño de las lesiones varía de 2 a 5 milímetros. Las pápulas pueden aparecer en cualquier parte del cuerpo, pero las zonas típicas son el rostro, el tronco y las extremidades. Además del sarpullido, los pacientes con molusco contagioso no suelen presentar síntomas típicos como fiebre, náuseas y malestar.

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8. Escarlatina

La escarlatina es una infección bacterial y puede describirse como una faringitis estreptocócica acompañada del sarpullido característico. La infección es provocada por estreptococos beta-hemolíticos del grupo A. Las toxinas producidas por estos son responsables del sarpullido y de la escarlatina. La enfermedad puede darse los 365 días del año, pero es más común en niños en etapa escolar en invierno o primavera. Los estreptococos beta-hemolíticos del grupo A son contagiosos y se traspasan al toser o estornudar. El contagio del virus disminuye considerablemente con una buena higiene, en especial de las manos.

Los síntomas iniciales de la escarlatina incluyen dolor de garganta, fiebre, dolor de cabeza, malestar estomacal e inflamación de las glándulas del cuello. Después de uno o dos días, se desarrolla el sarpullido típico que, según los pacientes, se siente como lija al tacto y tiene el aspecto de una quemadura solar. El sarpullido en sí no es grave ni contagioso pero la infección puede causar complicaciones severas si no se la trata a tiempo. La escarlatina debe tratarse con una serie de antibióticos prescritos por un especialista.

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9. Impétigo

El impétigo es una infección bacterial altamente contagiosa en las capas superficiales de la piel. Es una de las infecciones más comunes en los niños. Es causada por un estreptococo o por un estafilococo. La infección puede desarrollarse en cualquier parte del cuerpo, pero comúnmente ocurre alrededor de la nariz y la boca. La enfermedad se clasifica en bullosa (presencia de ampollas grandes) y no bullosa (desarrollo de costras); esta última es la más común de todas mientras que la primera es la menos contagiosa de las dos.

El impétigo se manifiesta como una red de vesículas (ampollas con fluido) o pústula (ampollas de pus). El tamaño de las lesiones no supera los 2 cm y, una vez que se rompen, aparece una costra de color miel. Algunos traumas menores como picaduras de insectos, sarna, roces con hiedras venenosas y eccema pueden dar lugar al impétigo. La infección debe tratarse con tópicos prescritos o antibióticos orales. La enfermedad desaparece después de 7 y 10 días de tratamiento. La prognosis del impétigo es excelente y prácticamente no se presentan complicaciones.

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10. Culebrilla

La culebrilla o tiña es una infección fúngica en la superficie de la piel. Existen tres dermatofitos responsables de la infección: microsporumm, trichophyton y epidermophyton. Los dermatofitos también causan infecciones en el cuero cabelludo y las uñas. La infección se transmite por contacto directo con otras personas, con animales y con la tierra. Además, la culebrilla puede contagiarse de forma indirecta por medio de objetos contaminados y fómites.

La tiña se manifiesta como un sarpullido que consiste en una o múltiples lesiones escamosas de forma circular con un centro más claro. Los bordes de las lesiones son eritematosos (enrojecidos), con una textura bien diferenciada del resto de la piel. El sarpullido puede generar comezón leve. Este tipo de problema es muy fácil de diagnosticar por su aspecto y debido a las pruebas médicas que se les realizan a las escamas con hidróxido de potasio. Por lo general, el tratamiento consiste en el uso de agentes antifúngicos de venta libre o prescritos. La prognosis es excelente y casi nunca hay complicaciones asociadas.

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11. Dermatitis atópica

La dermatitis atópica o eccema es una enfermedad crónica de la piel que afecta principalmente a niños (que, en su mayoría, la superan), aunque puede persistir en la adultez. Es una enfermedad de la piel que genera comezón (prurito) e inflamación de la piel. La mayoría de los casos se diagnostica en individuos de entre 1 y 5 años de edad. La genética juega un papel clave en el desarrollo de esta complicación. Muchos pacientes también sufren de alergias alimenticias, asma y rinitis alérgica (fiebre de heno).

Esta erupción cutánea se manifiesta como un sarpullido con parches de piel rojos y grisáceos. En casos más severos, la piel se engrosa, se agrieta y se vuelve escamosa. El sarpullido aparece en cualquier parte del cuerpo, pero es más común en los hombros, las muñecas, los tobillos, el cuello, el rostro y detrás de las rodillas. Muchos casos son tratados con remedios caseros y con cremas de venta libre que previenen la picazón y humectan la piel, al igual que con compresas frías y el uso de jabones de tocador neutros.

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