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Hablemos seriamente del apetito emocional…

Fitness & Nutrición

Son pocos los que reconocen el impacto de las emociones en la salud general. La mayoría echa la culpa a la falta de voluntad cada vez que falla en sus intentos por bajar de peso; sin importar si fue por caer en la tentación de visitar un restaurante de comida rápida o por recuperar de golpe todos los kilos perdidos en una noche de juerga con amigos. Debe saber que, en la mayoría de los casos, el verdadero aguafiestas es el apetito emocional. No sólo juega un papel fundamental en la obesidad, sino también en trastornos tales como la anorexia, la bulimia y la depresión. Como respuesta natural al estrés, las personas ingieren cantidades excesivas de azúcares y de bocadillos repletos de grasas o directamente pierden el apetito por completo. Así, suben y bajan de peso de forma brusca. Todo esto con tal de sentirse mejor consigo mismos — aunque sea por un segundo. El hecho de que el apetito emocional esté tan vinculado con la psicología del paciente hace que sea aún más difícil de sobrellevar.

1. Comer por aburrimiento

Debe saber que el aburrimiento es una emoción, no una señal que envía el organismo para decirle que necesita nutrientes y energía. Aún así, a cada minuto las personas salen en busca de bocadillos para aplacar esta sensación de vacío. Vivir en una sociedad que celebra lo rápido, lo eficiente y lo productivo, tampoco ayuda demasiado.

La inactividad, por lo tanto, está mal vista y se considera sinónimo de vagancia e improductividad. El estigma social se termina internalizando hasta el punto tal que la persona trata de ocultar cómo se siente. Los alimentos, en especial los que están repletos de azúcar y carbohidratos, son los más elegidos para “tapar” esa falta de entusiasmo.

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